17 junio, 2009

Film "Aporía" - Trailer

Les dejo el trailer de la película de la cuál soy guionista, espero que lo disfruten y les deje ganas de ver un poco más.



+ http://www.aporia.rodolfocarnevale.com.ar

15 junio, 2009

Aporía - comentario sobre el guión

Luego de la finalización del proceso de escritura de mi segunda novela, allá por finales de 2008, no tenía nuevas ideas en mente para una nueva historia. Con el paso del tiempo todas las cosas confluyeron hacia una historia ideal para ser contada mediante imágenes, música y actuación: el cine. Hubieron previas conversaciones respecto al tema antes de decidir, junto al Director Rodolfo Carnevale, sobre qué cosa podíamos escribir. Él me comentó que tenía ganas de filmar un drama, una historia que surgiera desde las entrañas, donde los personajes tuvieran que trabajar hondas emociones y dar cuenta de sus complejas decisiones. De todo eso, surgió la idea de "Aporía" (del griego, situación sin salida). En ella contamos la historia de Amapola, una mujer de 60 años, inválida y extremadamente sola, que se pasó más de 20 años alimentando el amor hacia un hombre ausente. El nombre del personaje está tomado de la canción "Amapola", y fiel a la letra de la misma, hemos tomado los aspectos mas notorios para su composición: la soledad y belleza. Los ambientes elegidos nos remontan a los años 1930-1950, por ser una época fina en cultura, vestuarios más femeninos que en la modernidad, donde la mujer portaba una delicadeza suprema y el hombre era fuertemente definido. A su vez, el elegir situar el relato en esas décadas, nos permitió jugar con elementos hoy casi perdidos: el uso de la correspondencia mediante misivas. Asimismo se trabajó sobre varios elementos que le aportaron dramatismo al guión: los silencios que juegan constantemente con aquello que no se dice, el paso del tiempo -siempre lento- que va bordeando a la protagonista hasta hacerla víctima para poder pasearla por los senderos de la nostalgia y el olvido. Para diferenciar las épocas -desde el guión- no sólo se utilizaron distintos vestuarios, sino también un importante contraste entre los mundos íntimos de los personajes: el hombre que ella ama representa la luminosidad en sus días, la fortaleza y la concreción de los sentimientos. El mundo de Amapola está sumergido en la fineza absoluta que pueden verse en sus ademanes, en sus pinturas, sus vestidos y sus palabras, todo el tiempo poéticas y metafóricas que tejen y destejen las rutinas que conforman su vida. Además de esos dos importantes personajes, hemos creado un tercero, Ofelia, que es la dama de compañía de Amapola; y en ella representamos la servicialidad, el cuidado, la delicadeza y dedicación, sin perder nunca la feminidad que caracterizaba a las mujeres de esa época.
Como autor he pretendido que "Aporía" sea un suspenso continuo, donde el espectador pueda ser seducido por la quebradiza voz de Amapola y sin embargo ser también sacudido por la desgracia que presenta el personaje principal. Todo el tiempo he pretendido mover a los personajes en base a dos polos: los deseos de vida y muerte, el amor, pero no el odio, sino la bronca, la impotencia. Dos polos que en algún momento del relato puedan contradecirse, sobretodo en el personaje masculino, donde claramente puede verse la paradoja entre sus sentimientos y acciones.

Creemos que "Aporía" es una historia que se encuentra estructurada en base a las emociones, la belleza u opacidad que pueda presentar una vida. Aporía es un abanico de situaciones, donde algunas pueden -o no- tener salida. Aporía es un drama, pero principalmente es una historia de cómo los seres humanos pueden adaptarse, transformarse o extinguirse de acuerdo a los sentimientos que componen sus vidas.




* Los invito al sitio web del film: http://www.aporia.rodolfocarnevale.com.ar/

11 junio, 2009

El cantante (parte 6 -final-) - cuento para niños

¡¡¡Mamá viniste!!! –grito yo y ella se ríe. Ya no llora más y está muy linda. –El Doctor me dijo que ya estoy bien así de que vine para que vayamos juntos al coro, ¿querés ir todavía verdad?. ¡Claro!, le digo yo, y soy feliz. Soy muy feliz con mi mamá sentada a mi lado en mi cama calentita. Que alegría, seguramente Diosito debe haber escuchado cuando yo rezaba. Seguramente.
Tanto alboroto hice con el coro que mamá me llevó, la idea era de ella, pero a mi también me gustaba cantar, sólo que no me daba cuenta.
Había muchos chicos y chicas esperando el turno para cantar. Bajamos de un taxi con mi mamá en el Teatro San Martín, donde eran las pruebas de voces. Entramos y nos sentamos a esperar. Todos cantaban bien y no tenían vergüenza. Yo no me separé ni un ratito de mamá.
Cuando llegó el momento que pronunciaron mi nombre mi mamá me tomó del brazo y me acompañó hasta el escenario dónde se puso a hablar con la directora mientras la secretaría me miraba fijo a los ojos. Yo me escondía detrás de las dos piernas de mi mamá.

-Bueno, ¿Qué nos vas a cantar Nicolás?, me preguntó la directora.
- Nada, dije yo.

Mi mamá me llevó a un rincón y me dijo que si no cantaba, me mataba. Como yo no quería que ella me matase me metí debajo de una mesa cerca del piano y no salí más.
¡Ay este chiquito!, decía enojada mi mamá y me lanzaba una de sus miradas de Loba mala. Todos estaban esperando que cante.
Esperaron un rato y la directora -que se llamaba Ana María- se agachó ella también y me susurró al oído las siguientes palabras: “Arroz con leche me quiero casar, con una señorita de San Nicolás, que sepa tejer, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a jugar”. Y se cayó. Me observó y con su mano corrió mi flequillo. Se acercó aún más y me dijo al oído con su voz calma:
¿Podes hacerlo vos?

- Si, le dije yo. Y canté “Arroz con leche me quiero casar, con una señorita de San Nicolás, que sepa tejer, que sepa bordar”. – Pero me tiembla todo, le digo, y ella me dice: no importa, usted siga: “que sepa abrir la puerta para ir a jugar”
- Su hijo es “soprano” y tiene una voz única, le dijo a mi mamá. Alejo había quedado entre los contraltos pero al poco tiempo abandonó, además no tenía buen oído para la música. Yo si. O se tiene o no se tiene. Y yo era loco y él no.

Me encanta ir al coro porque la música me hace soñar. Me hace acordar a cuando estoy en el tanque jugando con mis amigos los duendes. En el coro somos muchos los cantantes, hay más mujeres que varones. Yo canto finito –porque soy soprano- dice la señorita Ana María- pero sólo canto en casa y en el coro, en el colegio no, porque los chicos son malos y se burlan. Pero no me importa, porque yo sé cantar y ellos no.
Lo primero que me enseñan es a vocalizar y tomar mucho aire. Ahora en casa se me ríen porque ando todo el día inflado como un sapo. Pero a mí me gusta, porque cantar me divierte. Nunca me gustaron los videojuegos, pero si los libros, los muñecos de play móvil para armar y ahora, cantar.
La Señorita Anamarilla (así le puse porque Ana María no me gusta, y como tiene el pelo rubio color amarillo le digo así) me dice que soy su alumno preferido porque parezco un pajarito cuando canto. “Sos un ángel”, me dice, y yo le sonrío porque mi abuelo Silvio (el papá de mi papá, que también se llama igual que él y mamá) me decía que cuando alguien te hace un cumplido hay que devolver una buena sonrisa. “Hay que ser educado, mijito” me decía él y siempre me daba una monedita para comprar caramelos en el kiosco que estaba a la vuelta de su casa.
Tanto me gusta el coro que me olvido del colegio y mamá me reta y me da tres chirlos en la cola porque no sé nada de matemática (porque es feísima y un pedo total) y me dice que si no estudio se acabó el coro y la música.
¡¡¡Noooooooooo mamita querida!!! Le digo yo, el coro no por favor mamita. Le suplico y le prometo que voy a hacer las sumas, restas y ahora multiplicaciones todos los días de mi vida, hasta hacerme viejo y lleno de pelos. Mamá se hace la desenojada y me dice que bueno, pero que “estoy en capilla”. Y eso ella dice cuando me va a mirar de cerca para ver si cumplo y me porto bien. Pero yo sé que ella en el fondo se muere por mí…

Es mitad de año y estamos en el mes de septiembre. En mi ciudad se festeja el “Septiembre musical” donde todos los cantantes, músicos y artistas muestran las cosas que han estado preparando. El coro de niños va primero al teatro en las funciones porque somos chicos y tenemos que acostarnos temprano.
El uniforme es horrible, porque tenemos un pantalón gris (como el del colegio) una camisa blanca, una capa azul y un moño bien grandote escocés. Mi mamá dice que todo es una “cholada”, pero bueno, es lo que la directora quiere. Me peina con gotitas de limón y el pelo me queda tan tirante que parece que una vaca me pasó la lengua por la cabeza. Me viste con el uniforme y luego se viste ella. Mis hermanas ya están listas y Alejo y papá también. Todos vamos juntos al teatro porque hoy cantamos. Hoy canto y soy solista. Cantaré el “Ave María”.
Llegamos y la secretaria de la señorita Anamarilla me lleva al camarín donde están los otros chicos. Luego pasamos al escenario en dónde vocalizamos mientras la gente espera afuera en las escalinatas del teatro.
La señorita Anamarilla se me acerca y me dice: ¿estas nervioso?, “no”- le digo yo. Entonces me pregunta ¿Te acordas de la letra del Ave María?, si, es re fácil –le digo yo. “Ese es mi flaquito”, me dice ella y me acaricia la espalda. Se va y me deja solo en el camarín. Entonces rezo y le pido a Diosito que me ayude a no olvidarme la letra del Ave María porque es en latín y que si me olvido la Loba me mata desde las butacas nomás y ahí que hacemos.
Las luces están apagadas y estamos todos formando fila. Se abre el telón, nos presentan y a medida que entramos formados al escenario los aplausos nos aturden. Silencio. Hay mucho silencio y yo sé que Diosito me está ayudando. El coro canta una canción en italiano que se llama “La caritá” y cuando terminan todos aplauden. Entonces la Señorita Anamarilla me presenta y cuando dice mi nombre, todo el cuerpo me tirita. Busco a mi mamá pero no la veo entre la gente. Me paro a la par del piano y respiro. Ella comienza a tocar y de pronto la melodía me calma y me siento solo en el escenario. No veo las caras de las personas sentadas, no siento el murmullo detrás de mi espalda. Sólo sé que estoy por cantar y que esa felicidad no me deja pensar en nada más.

Ave maría… Abro la boca y canto. Mi voz resuena en todo el teatro. Mi voz es finita, dulce, aguda. Mis manos están cruzadas detrás de mi espalda. Mis ojos miran un punto fijo dentro del Teatro. Ya no soy el mismo. Me siento mas viejito, o más maduro, como diría mi abuelo Silvio.
Cesa mi voz. Cesa el piano. Y el teatro estalla en aplausos. Soy yo cantando y soy feliz. Estoy volando. Tengo ganas de llorar.
Cuando termina van todos al camarín y me saludan. Mis hermanas me miran de lejos y mi papá me abraza. Mamá loba viene más despacio y cuando se acerca le veo los ojitos brillosos. –“Papá siempre soñó con tener un nieto que cante. Y hoy pude sentir que él estuvo a mi lado escuchándote cantar. Te amo”. Me dijo ella. Me abrazó y sentí su corazón cerca del mío.

Mientras mi mamá guarda mi uniforme en un bolso mi papá conversa con los otros padres y recibe felicitaciones. Todos se felicitan entre sí y yo me quedo en un rincón pensando. Pienso que mis amigos los duendes me escucharon desde lejos y que voy a contarle todo al toto cuando llegue a casa.

Pienso que cuando sea grande me gustaría ser cantante para ver siempre los ojitos brillosos de mamá. Pienso que me gustaría no crecer para sentir que vuelo, para perderme entre los aplausos y para saber que a mi lado siempre está Diosito.
Volvemos a casa. Me llevan en auto. Compran pizza y festejamos. Todos en casa están felices y mamá ya no llora. Ahora soy cantante y por mi canto, todos estamos comiendo juntos. Porque antes no era así. Ahora si, entonces deseo poder cantar siempre para que la mesa de casa esté siempre repleta. Pero no de comida, sino de amor.

Fin.

05 junio, 2009

El cantante (parte 5) - cuento para niños

Mientras espero que mamá llegue a casa me pongo a pensar que me gustaría ser cuando sea grande (con pelos). Y me gustaría ser de todo un poco: Cantante de ópera, escritor, veterinario o cura. No, mejor cura no, porque usan esos vestidos ridículos y les debe hacer calor. Veterinario si, porque podría hacer que el toto viviera para siempre, pero mejor no, porque tendría que operarlo y me da asco la sangre. Así que mejor eso no. Escritor ya soy porque todos los días le escribo cartitas a Dios pidiéndole cosas y dándole también gracias (mi abuela Pila, la mamá de mi papá dice que también hay que agradecer y no sólo pedir cosas). Así que bueno, escritor ya soy. Lo que se hacer es cantar pero no soy un cantante. Así que bueno, tengo que empezar a cantar así me llevan a un coro y me hago famoso. Pero para ir al coro tengo que esperar que venga mamá, porque papá trabaja y no puede llevarme, además yo quiero que me lleve ella porque a ella le gusta como canto.
Hoy aprendí a sumar y restar en la clase de matemática. Es fea la matemática, pero la señorita Negrita dice que nos sirve para todo en la vida. ¿También me servirá para que mamá vuelva?... No sé, son cosas que me pregunto y no sé si la matemática es tan buena como dicen. Yo creo que es horrible y no la entiendo ni pienso hacerlo. Me aburre así que chau, no hablo más de cosas que me parecen un pedo total.
Lo que sí me gusta es hacer redacciones. La señorita nos da un título y nosotros tenemos que inventar el resto. Ella dice que soy muy imaginativo cuando hablo de mis amigos los duendes, pero yo se que no es un invento, es verdad, pero ella cree eso. Y bueno, que se joda por tonta. Ella se los pierde, pero como es grande (aunque no tiene pelos, tiene otras cosas) nunca cree nada. Que se le va a hacer…
Le pregunto a papá porqué la señorita no tiene pelos pero tiene “esas cosas” ahí arriba. Y él me dice: ¿Qué “cosas” tiene ahí arriba la señorita? Y yo le digo: “no sé, como dos pelotas grandotas” y él se ríe abriendo grande su boca hasta ponerse colorado. Me voy enojado. Muy enojado y ofendido.
A la noche viene mi papá y me dice: “Nico, la señorita no tiene dos pelotas ahí arriba. Se llaman pechos y los tiene donde tiene que tenerlos”. ¿Y para qué son?, le pregunto yo. “Para dar de comer a los bebés cuando nacen, de ahí sale la leche”, me dice él. “Aaaaahhhh” digo yo.
Ahora sé que la señorita no tiene pelotas ahí arriba, tiene pechos. Mis compañeros no saben que se llaman así, pero no pienso decírselos así yo quedo como el sabio y ellos como los tontos. Y bueno, si les digo quizás ellos van y le cuentan a la señorita que yo ando mirándole los pechos y después que hacemos. Así que me quedo calladito en mi banco (pero sin mirarle nada, solo calladito).
Me gustar estar con los duendes y con el toto, ellos si me entienden cuando yo les cuento las cosas. Y se ponen tristes cuando saben que mamá loba no está en la casa. Pero bueno, papá dice que ya falta poco, que mamá esta descansando (aunque yo sé que debe estar llorando). Pobre mi mamá no debe saber muy bien porque llora tanto. Yo a veces lo hago, pero cuando me retan o me duele algo. Pero ese día en la pileta lloré porque tenía pena de mi mamá. Ya la extraño tanto que no sé si quiero ser cantante. Me cansé de esperar y hasta que ella vuelva la voz se me va a ir. O quizá me la lleve las cigüeñas -a la voz- y quede mudo como el toto que nunca ladra.

***
Siento cosquillas en mi cabeza, en mi frente, en mis brazos. Siento cosquillas pero no puedo despertarme. No quiero despertarme porque hace frío y la cama está calentita. Me gana la curiosidad, entonces abro un solo ojo y la veo a ella. Abro los dos porque no puedo creerlo. Es ella. Me froto la cara con mis puños. Es ella, si, no estoy soñando.
* Continuará...

02 junio, 2009

El cantante (parte 4) - cuento para niños

La Loba se había mudado a una casa grande que tenía muchas ventanas y un jardín con el pasto bien cortito y margaritas por todas las esquinas.
Mis hermanas se fueron a correr por ahí, ellas creían que estaban de paseo y mi hermano mayor se quedó sentado en un banco cerca de papá. Yo estaba atento a que mamá saliera y nos recibiera con los brazos abiertos. Pero la trajeron acompañada de un señor vestido con una chaqueta blanca. “¿Quién es papá?”, dije yo. “Ese señor es el doctor que está curando a tu mamá”, me dijo él. Y ahí vino caminando mi mamá vestida con un camisón color blanco y un poco despeinada. Tenía los ojos hinchaditos (yo sabía que era porque lloraba) y mi papá la abrazó y ella comenzó de nuevo a querer llorar.
Se agacho y me dijo “hola Nico”. Y yo la abracé y le dije al oído: “prometo ser el mejor alumno si volvés a casa mamá”. Y ella me apretó. “¿estás enojada conmigo verdad?”. “No, con vos no mi amor”, me dijo ella pasando sus manos por sobre mi cabeza.
Cuando dijo eso volvió a pararse y se fue caminando con el Doctor y papá. Yo me quedé sentadito en el banco mirándola a lo lejos sin entender y sin saber porqué me había abandonado. Ese sábado algo dentro de mí se quebró para siempre. Sentía un huequito adentro del corazón. Ahora si me dolía el corazón y no sabía con qué curarlo…
Mamá estuvo internada tres meses y fueron los más feos de toda mi vida. Me había abandonado La loba y ya no sabía qué hacer para que ella regresara. Me dolía mucho el corazón, me dolía tanto que lloraba escondido entre los rincones de la biblioteca del colegio. No me importaban mis compañeros, sólo quería llegar a mi casa y esconderme debajo de la cama con el toto.
Le dije a la señorita Negrita –la más gordita de todas- que me controlara bien las tareas porque yo tenía que ser el mejor, pero no para burlarme de los otros chicos, sino para que mamá se pusiera contenta cuando viera la libreta con mis altas notas. Eso la haría feliz…
Hice trampa muchas veces. No podía controlarme. Yo le había prometido a Diosito que no me iba a subir al techo, pero extrañaba a mis amiguitos los duendes, además ellos me ayudaban. Lo que si les dije fue que ya no podía bailar ahí cerca del tanque, porque las tejas ya estaban arregladas y no se podían volver a romper, además La Loba se iba a enojar, aún estando lejos de casa. Había que ser buenos y cuidar las cosas de mamá. Y las tejas eran de mamá porque estaban en su techo. Era de todos, pero ella decía “es mi casa y aquí se cuidan las cosas”. (Así nos decía cuando nos portábamos mal y la teníamos re podrida). Pero ahora todos éramos buenos y ejemplares. Todos…
Como mamá todavía no llegaba a casa mi papá me mandaba todas las tardes a la casa de una tía para que ella me ayudara a estudiar, pero al principio no me gustaba ir porque todos fumaban en esa casa. Me daban miedo, sobre todo mi tío que tomaba alcohol, pero después ya no. Eran buenos mis tíos y mis primos también, pero ya eran grandes, hasta tenían pelos en el pecho. Cuando a uno le salen pelos ya puede ser grande y tener hijos y trabajar, antes no. Pero no a todos les salen pelos, mi mamá dicen que es porque son lampiños, yo digo que es porque nunca crecieron, así como Peter Pan, que nunca quería hacerse grande, porque es mucho más lindo ser niño. A mi me encanta ser niño, pero a veces me gustaría ser grande para poder ir solo de viaje con los duendes, pero para eso tengo que esperar que me salgan pelitos en todas partes y todavía falta muuuuuuuuuucho dice mi tía Marta -que es gordita como la señorita Negrita- (no mi tía la que me hace las tareas).
* Continuará...